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29 marzo 2020

Publicado marzo 29, 2020 por con 0 comentarios

Tarapoto Antiguo, Viaje al Pasado. Antes y Ahora en Cuatro Fotos


¿Quién no ha soñado alguna vez con viajar al pasado? Sobre todo conocer cómo fue su ciudad natal hace treinta, cincuenta o setenta años atrás.

Tarapoto, principal ciudad del departamento de San Martín de Perú, guarda una historia muy rica, cargada de misterio y con una cultura única que ha perdurado con el paso de los años.
POST: HISTORIA DE TARAPOTO

Soy natural de este bello pueblo. Nací aquí y desearía vivir mi vejez aquí. Luego de siete años fuera regresé, y si vuelvo a irme, solo será para salir de vacaciones. Nada mejor que quedarse en casa con gente que nos ama.

Dentro de lo primero que hice al llegar a Tarapoto, después de siete años en Pucallpa y otras ciudades del Perú, fue darme rienda suelta en este pequeño trabajo, mejor dicho, este pasatiempo: Conseguir fotos antiguas de Tarapoto e irme al mismo lugar de donde fueron tomadas para conseguir lo que a continuación les muestro. Espero que lo disfruten. Más adelante voy a seguir dedicándome con este entretenido “Antes y Ahora”.
Antiguo Cine Atlántida, Jr. Daniel A Carrión con Jr. Lima, ahora el Colegio Celis Bardales- Tarapoto


Primera cuadra del Jr. San Martín, próximo a la plaza de Armas- Tarapoto
Bajada de la segunda cuadra del Jr. San Martín, a la altura de la clínica San Martín y el colegio Ofelia Velásquez- Tarapoto.
Plaza de Armas, Jr. Ramírez Hurtado, altura del Banco BBVA- Tarapoto
Las cuatro fotos antiguas las descargué de la página de Facebook de Tarapoto Antiguo, actualmente con más de 12 mil seguidores. También les invito a visitarla haciendo clic en el enlace del nombre.

Les prometo que una vez acabe esta Cuarentena por el Coronavirus y me recupere completamente, seguiré difundiendo más la cultura sanmartinense; aunque, en este tipo de chambas, el “Doc” y su Delorean de Volver al Futuro me facilitarían mucho las cosas. ¡Nos vemos! Hasta el siguiente artículo.
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28 octubre 2010

Publicado octubre 28, 2010 por con 0 comentarios

Reportaje al Perú: Tarapoto, destino perfecto


Nuevamente, el periodista más aventurero del país, Manolo del Castillo, nos presenta otra de sus crónicas fílmicas a través de su programa televisivo transmitido en el Canal 7, “Reportaje al Perú”. Y como ya nos tiene acostumbrados, con un estilo ameno, llamativo y educativo.
En esta oportunidad, el cronista y compañía (su inseparable camarógrafo) se trasladan a una de las ciudades –como él dice- más “dinámicas” del Perú, la “tierra de las sorpresas”, la bella “Ciudad de las Palmeras”, Tarapoto. Nada menos que mi pueblo de origen, un lugar rodeado por una mágica y exuberante selva.

De no ser por la página “Mi Tarapoto” en Facebook, no me habría topado con este magnífico reportaje, que incluso se podría catalogar como un documental, por la extensión del mismo. Todo este trabajo periodístico fue subido al portal de vídeos YouTube, distribuido en 5 partes o capítulos que suman alrededor de 50 minutos.
Contándoles a groso modo lo que trata el reportaje, ya que por esta vez renunciaré a explayarme por el mismo hecho de que este post está más para verlo que para leerlo, durante los vídeos podrán ir apreciando lo siguiente: Artesanías; restaurantes de comida regional, nacional e internacional; una fábrica de puros y de chocolates; un mini-zoo o centro de rescate de animales; un centro de rehabilitación; licorerías, pequeñas discotecas y pubs; un desfile en trajes típicos y un paseo en el “Bus Tahuampero”; modelos peruanas sobre la pasarela de una concurrida disco; una visita al pueblo de Sauce y su hermosa laguna; cabalgata hasta una catarata; cena en el mejor restaurante de la ciudad; y un paseo por los pueblos de San Roque y San Antonio y alrededores.
Con todo eso, les prometo que no se aburrirán tras reproducir los 5 vídeos que les dejo a continuación, de los cuales también espero sus comentarios o impresiones:

Cap 1:


Cap 2:
Este video fue eliminado de YouTube

Cap 3:


Cap 4:


Cap 5:




Imágenes: 1 2 3 4
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04 noviembre 2009

Publicado noviembre 04, 2009 por con 1 comentario

Practicando un poco de senderismo en el Morro de Calzada- Parte III


Dentro de escaso tiempo estaría haciendo senderismo. Llegué a Moyobamba en poco más de dos horas. Moyobamba, también conocida Ciudad de las Orquídeas (por su abundancia de este tipo de plantas), es la capital del departamento de San Martín, situada a aproximadamente 860 m.s.n.m. y a unos 96 m.s.n. del río Mayo, uno de los mejores tributarios del río Huallaga y cuya longitud es alrededor de 170 kilómetros. “Moyo”, como suelen llamarle a la ciudad, pese a ser de menor tamaño y población que Tarapoto, es reconocida como capital de la región, cosa que debería volver a ser discutida. Al decir esto, no crean que esté siendo antipático con el pueblo en cuestión. Para nada. Sino que estoy dando mi punto de vista sobre que la ciudad de una determinada zona en la cual haya más movimiento y comercio, debería ser declarada como principal. De este modo, es (y fue) el eje central que colabora no sólo al avance de sí misma, sino que además con la red de urbes y poblaciones que se extienden a lo largo y ancho de un territorio en específico. Bueno… ésa es mi perspectiva. Cada uno tiene la suya. Así, que si herí la susceptibilidad de algún moyobambino, le manifiesto que no escondo malas intenciones. Nunca olviden que a todos mis lectores y visitantes les abro las puertas a la amistad. Recuerden: A TODOS…

Continuando con mi narración, al arribar a Moyobamba restaba aún mucho para las 10 de la mañana. Comuniqué al conductor de la combi que bajaría en la entrada a la ciudad, precisamente en el óvalo de la carretera Belaúnde. Desde ese sitio, como de cualquier parte cercana, se podía avistar al majestuoso morro de Calzada. El cielo se hallaba parcialmente nublado, que incluso unas delgadísimas y casi incoloras nubes rondaban el pico de mi destino turístico, mi meta de ese día. El óvalo donde estuve de pie unos momentos, tiene estilo: en el contorno hay una vereda y asientos para los peatones, en medio sembraron pasto, y en el centro de dicha área verde, encima de una columna, levantaron unas orquídeas artificiales gigantes de la especie Cattleya rex. Impresionante. No en vano Moyobamba y el Altomayo tienen fama de albergar la mayor variedad de orquídeas en el mundo, hermosas cuando florecen.
Luego de observar mi derredor, empecé a caminar hacia el morro de Calzada por un lado de la carretera. De donde estaba hasta el distrito de Calzada, yendo por la vía asfaltada, eran unos diez kilómetros más o menos; si me iba de pie —o línea 11, como dicen en mi región—, demoraría entre 1.5 y 2 horas. Sin embargo, la práctica de senderismo aún no había comenzado, pues tenía en mente solicitar un “jale” o “tirar dedo” de rato en rato, aunque en estas cosas no era tan suertudo. Lo comprobaría rápido. Apenas caminé unos 5 minutos, otra combi de servicio salía de Moyobamba. Desde lejos, hice una señal al conductor. Una vez estuve cerca a la ventanilla, pregunté: “¿A dónde se dirige, señor?”. “A Rioja”, contestó. “¿Puede colaborar conmigo haciéndome un viaje gratis hasta Calzada?, por favor. Es que estoy medio corto en presupuesto”, le supliqué. “Son 2 soles”, dijo secamente el joven que hacía las veces de chofer. “Nadie más te llevará por menos, y, si esperas que te transporten sin paga alguna, estarás aquí como hasta las 12”, concluyó. Me quedé pensativo durante unos segundos. “¿Subes o te quedas?”, fue tajante. Sin otra solución inmediata, acepté entregarle el dinero y que me llevase en el vehículo. Dentro de la unidad móvil, el ambiente era similar al que permanecí en mi recorrido de Tarapoto a la Ciudad de las Orquídeas, Moyobamba. Era necesario que ganara tiempo, puesto que no sabía cuánto duraría el senderismo en el morro, tanto de ascenso como de descenso.

Antes de que transcurrieran 10 minutos, la combi me dejó en el mencionado distrito, cuya entrada y calle principal partía de un costado de la Belaúnde. Desde el momento que pisé tierra, inicié mi actividad de senderismo… Y de aquí continuaré, no sin antes aclarar ciertos detalles. Los caminos, senderos, trochas y ramales que anduve las siguientes horas, no se encuentran al ciento por ciento señalizados y todavía falta explotarlos para el mayor movimiento del turismo y el ecoturismo, de esta forma el extranjero así conozca nuevos pueblos y paisajes de la Amazonía del Perú, en busca de aventuras y un mejor contacto con la naturaleza. Sólo un puñado de agencias de turismo se encarga de organizar algo de trekking por territorio sanmartinense, y una escalada al morro de Calzada, a veces, es parte del programa. Particularmente, en vez de trekking (como ponen en sus paquetes turísticos tales empresas), lo llamo senderismo, ya que el primero dura más que el segundo y se camina o trota por geografías menos exploradas… En fin, eso es todo en lo que quise ser concreto con respecto al turismo de aventura por estas latitudes de la selva peruana. Quizá más adelante —en la narración de esta salida a la naturaleza— siga comentándoles sobre lo que envuelve las demás actividades ecoturísticas en San Martín.
Calzada es un pueblo que se halla casi a la misma altura de Moyobamba. La superficie del distrito es de unos 95,383 ha aproximadamente, con un área urbana de 65.50 ha. Según he podido leer en una página web, a Calzada le hace falta una adecuada infraestructura para un “buen turismo receptivo”, por lo que “constituye uno de los grandes problemas que existen para el impulso y el desarrollo socio-económico”, no solamente de la región San Martín, sino de la nación. De eso ya estoy bastante consciente. Unos lugares naturales tan atractivos en el valle del Altomayo no deberían pasar desapercibidos para el foráneo amante de la aventura y las grandes emociones. En mi blog, poco a poco, redactaré e ilustraré más sitios turísticos con el objetivo de difundir la belleza de mi tierra a cada país del mundo. Incluso, me basaré en mostrar el esplendor y lo interesante de otras partes fuera de límites peruanos. Reitero que siempre estaré dispuesto a sacarles de cualquier duda y de guiarles en lo que esté a mi alcance. Así que además no pueden perderse lo que seguiré contándoles sobre mi ascenso al morro de Calzada. 

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02 noviembre 2009

Publicado noviembre 02, 2009 por con 0 comentarios

Practicando un poco de senderismo en el Morro de Calzada- Parte II


A medida que me dirigía hacia el paradero de combis (vehículos de uso comercial para el transporte de mercancías o de 15 pasajeros aproximadamente), las nubes se fueron evaporando con el calor de los rayos del Sol, hasta que éste se hizo notar claramente. Era ya casi seguro que en Tarapoto no llovería, pero en Moyobamba y Calzada las condiciones climáticas podrían ser diferentes, puesto que a comparación de mi pueblo natal, se localizaban a más de 800 m.s.n.m., y no en torno a los 300. Y digo “en torno” porque Tarapoto está asentado sobre un área inclinada. Para ir a la mencionada terminal terrestre, debía de bajar bordeando el barrio Huayco por la zona noroeste. Así lo hice a paso firme hasta cuadra y media antes de llegar a la parte trasera del paradero, por una solitaria calle, a excepción de un anciano que dormitaba en una esquina. Mis tíos viven del otro lado, es decir, en la calle paralela a la que me hallé, y no quería que me vieran tomando una combi que hacía ruta a un lugar que no le dije a mi madre. Mi tía, en especial, sale a esas horas para encaminarse a mi casa y ayudar en la venta de comidas. Si me veía ingresar por la entrada principal, estaba perdido. Se suponía que iba a trabajar al sur, y no al norte a hacer senderismo. “Es un sitio perfecto para cambiarme de ropa”, murmuré mientras me detenía en mitad de la calle sin asfaltar. A mi derecha, había un domicilio con paredes elevadas en la puerta. Allí, siempre con la mirada atenta a mi entorno, me mudé de ropa en un santiamén. Pero algo iba mal: una espina me picaba en la nalga. Sí, lectores y visitantes: en la nalga. ¡Y no se burlen…! De manera que no tuve más remedio que bajarme los pantalones y retirar la molestia que había traspasado la tela, quizás cuando me senté en el pasto días atrás. Justo en ese instante, se abrió la puerta de la casa y salió una joven tal vez un poco menor que yo. Lo que escuché de inmediato fue un grito mezcla de susto y vergüenza, seguido por una risita divertida. Supongo que con la cara tan roja como un tomate, la mochila al hombro y el pantalón a medio abrochar, emprendí una veloz carrera hacia el paradero. Detrás, frases como “qué lindo trasero” o “por qué tanta prisa”, me sonrojaban aún más, deseando nunca volver a ver a la chica o que perdiese la memoria. Felizmente, hasta la fecha no me encontré con ella. Debe pensar que soy un depravado.
Con la frente perlada de fluido salado (sudor), más por la vergüenza que por la huida, llegué a la terminal. Antes de entrar a través de los portones posteriores, abiertos de par en par, volteé la vista por unos segundos. Aparte de la muchacha, un niño y un señor me veían de lo lejos. Espero que no hayan distinguido mi rostro. Al sitio donde entré a abordar la combi se llama ‘Empresade Transportes y Servicios Turísticos Selva SA’, y se ubica en el Jr. Alfonso Ugarte cuadra 11. Allí encontrarás una flota de vehículos que realizan rutas a determinados pueblos y ciudades del departamento de San Martín y poblados aledaños al norte. El costo del pasaje de Tarapoto a Moyobamba es de sólo 10 nuevos soles, o sea, alrededor de 2.5 euros o 3.5 dólares. Un sencillo para cualquier extranjero de Europa o Norteamérica. Lo barato que cuesta trasladarse algo más de 100 kilómetros en ciertas regiones de Perú, esto depende mucho del estado de las carreteras y del tipo de movilidad a la que te subes. En este caso, según mi clasificación, las combis están dentro de la penúltima categoría; en la de última están comprendidas las “camionetas chatarras” que transportan a la gente como si de ganado se tratase, tan apretujada e incómoda que algunos se van casi colgados de las barandas, incluyendo mujeres y niños. Las “categorías de primera” o las más caras, las irán conociendo en futuros posts relacionados al turismo en mi país. Y antes de seguir con el relato de mi inminente actividad de senderismo al morro de Calzada, les digo una cosa: Viajar como reyes no tiene nada de emocionante, y no hay aventura sin peligro.
Una vez en el interior de la combi, me coloqué al final de la fila de asientos, al lado izquierdo. El chofer arrancó el vehículo luego de que todos los pasajeros pagamos la cuota y nos “acomodásemos” en apretados espacios: bebés en las faldas de sus madres, campesinos con las alforjas en el regazo, estudiantes y viajeros (como yo) con las mochilas sobre los muslos, y hasta algunas gallinas (que no cupieron en el corralito sujeto al techo) yacían en el suelo con las patas atadas. Saqué mi celular, un bolígrafo y un papel del bolsillo chico de mi mochila, y tomé nota de lo sucedido hasta ese entonces. El móvil me era útil para verificar la hora. Me afligía que el adolescente sentado a un costado observase lo que hacía, por lo que cubrí con una mano las palabras que iba escribiendo. Me fastidia bastante cuando interrumpen mientras escribo.
La combi se puso en movimiento exactamente a las 7:25 a.m. Subió hasta el jirón Orellana y salió de frente a la carretera Fernando Belaúnde Terry- Norte, por el puente del río Cumbaza, en el distrito de Morales. A tres kilómetros nos paramos en una estación gasolinera a la diestra de la vía, y esperamos unos minutos hasta que llenaran el tanque del vehículo. A ese rato, el sol comenzó a calentar la mañana con mayor ahínco, dado que las nubes se apartaron o esfumaron por los cerros del horizonte. El medio de transporte recorría la Belaúnde a un promedio de 55 km/h; y a pesar de que entraba aire por las ventanas, el bochorno invadía a cada pasajero. No tardó en llegar a mis narices fétidos olores corporales. “¿Que aquí nadie usa desodorante?”, pensé. Es por eso que abrí todavía más la ventana de vidrio para sacar un poco el rostro y apaciguar el hedor reinante. Para mi alivio, algunas personas fueron descendiendo de la combi en sus respectivos pueblos, localizados a mitad del camino. Así, la temperatura se hizo menos asfixiante y había más espacio para estirar las piernas. Durante el viaje de esa mañana, habrán salido como una docena de pasajeros e ingresado 2 o 3.

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31 octubre 2009

Publicado octubre 31, 2009 por con 2 comentarios

Practicando un poco de senderismo en el Morro de Calzada- Parte I


El 15 de Noviembre de 2008 tuve algo planeado en mi lista de destinos turísticos por conocer, y nada ni nadie me lo impedirían, ni siquiera los trabajos pendientes de la universidad y tampoco las quejas de mi madre por no ayudarle en las compras o la resaca de los desmanes de copas de la tarde anterior. Me propuse —seriamente— cumplir mi objetivo del día: Llegar a la cima del morro de Calzada, ubicado a un promedio de 8 kilómetros en línea recta de Moyobamba (capital de la región San Martín), en el distrito del mismo nombre. ¿Y con quiénes? Pues, sólo con mi propia sombra. Ningún mortal más sabía de mi propósito. Estaba muy decidido esa vez a realizar el senderismo, porque hace como un mes atrás visité la ciudad de Moyobamba y, con la meta de romper el itinerario de esa fecha, resolví de, al menos, acercarme a la cumbre del “pequeño” monte. Aunque a un comienzo iba bien, luego no fue tan sencillo como lo pensé. Al inicio de mi travesía, tuve la ventaja de que el chofer de un motocarro me diera un aventón desde la carretera y me ahorrara algo de una hora. Pero aún así, el tiempo permaneció en mi contra. Mientras me aproximaba a la elevación de terreno, estimé que no me alcanzaría el tiempo para estar puntual en mi centro superior de estudios, ya que a las 9:00 p.m. tenía que rendir un complicado y decisivo examen. De forma que di media vuelta, apenas llegué a la falda del morro.
Pero ese sábado 15 lo tenía todo programado y listo. Haciendo un esfuerzo suicida, me levanté a las 5:00 a.m., con la mentira de que me solicitaron para un trabajo de fin de semana en un pueblo cercano. Era muy raro que me vieran u oyeran fuera de la cama tan temprano (sin contar las veces que regresaba de las fiestas o salidas en grupo). Debía de tener una excusa de mi madrugada. “Me van a pagar regular”, le dije a mi madre, que desde las 3:00 a.m. está en actividad cocinando las viandas para su clientela. “(…) Pero terminas rápido. Necesito que me hagas unos favores. ¡No te olvides!”, me advirtió tras haber tomado desayuno (creo que pan con queso y té de anís). “Tranquila, jefa. Tendré más plata para mis gastos en la U”, me despedí, colgándome la mochila a los hombros y abriendo la puerta de casa.

Eran entre las 6:30 y 7:00 de la mañana cuando me retiré. Más de hora y media me había ocupado en colaborar en algo con la señora de la casa, prepararme y, evidentemente, comer. El sol ya hace rato que había salido, pero muchas nubes, que las corrientes de aire las movían de forma desordenada, le tapaban por momentos, haciendo que nuestro astro rey se viera como una caprichosa mota luminosa de color ámbar. Me recordaba bastante a los semáforos en días de lluvia y neblina. Calculo que la temperatura no excedía de los 27 grados Celsius. Digan lo que digan, en Tarapoto siempre el clima es cálido; o desde que tengo uso de razón. Como la gente en mi tierra natal está acostumbrada a sentir calor, cualquier descenso de la temperatura hasta ser inferior a los 25 grados y superior a los 15, ya unos cuantos, incluso, tiemblan de frío y mudan ropas abrigadas. Ése, no es mi caso. Nací calenturiento... En Noviembre, el clima tiende a variar como en la mayoría de los meses. Dudaba si aquel día habría aguaceros o si el sol alumbraría tan fuerte hasta quemarme la piel. Además, mi destino turístico se encontraba a más de 100 kilómetros de mi hogar, y eso hacía más difícil de pronosticar (adivinar) el tiempo. Y no es por rajar (criticar), aparte, el servicio meteorológico en mi región se ha ganado la fama de impreciso. Al fin y al cabo, vivo en una zona tropical.
Llevaba puesta ropa con la que habituaba salir a la calle (polo, jeans y zapatillas), y no para darme un día de campo. En alguna callejuela de la ciudad por donde pasaran pocas personas, me pondría la indumentaria adecuada que metí en forma de ovillo dentro de mi mochila. Como dije, lo tenía “todo” planeado para la práctica de senderismo. El día 14 conseguí lo necesario para mi subida al imponente morro de Calzada: dos botellas con líquido rehidratante, un pequeño estuche impermeable para guardar el dinero, una cámara fotográfica de 6.0 Megapixels que también filmaba, lapicero y cuaderno, entre otras cosas menores. Siempre fui precavido a la hora de meter la ropa en mi mochila cuando disponía alejarme de casa. Pues, para prevenirme que no se mojara con la lluvia, con agua de cualquier otro origen o con el propio sudor de mi torso y espalda, primero la introducía bien dobladas dentro de bolsas de plástico.
Como en la Caminata a la Primera Cascada del Río Shilcayo, la cámara (digital también) no me pertenecía. Era la de un amigo que me la prestó sin ruegos, pero advirtiéndome que la cuidara como a un hijo y que se la devolviera máximo a las seis de la tarde porque la necesitaría con urgencia. Le engañé que la quería para fotografiar las aulas de cómputo de unos colegios, ya que si posiblemente le decía que la llevaría fuera de la ciudad por la carretera y haciendo senderismo por los escarpados terrenos del morro de Calzada, lo pensaría dos veces antes de entregármela. Nadie está libre de un asalto o un resbalón en una de sus aventuras de ecoturismo. Ni el más ducho de los viajeros o caminantes. Todos hemos tenido nuestros momentos de torpeza por más experiencia se tenga en algo, (deporte, oficio o carrera). Y eso me recuerda a un vídeo que vi días atrás, en el cual un futbolista falla tres goles rebotando tres veces el balón en el poste. “¡Qué bruto ese tío…!”, fue lo que pensé, y otros juramentos más que no puedo —o no debo— expresar en mi blog. Cuido la lengua… mejor dicho, cuido los dedos.



Algo interesante para guiarse (clic en las imágenes para ver grande):

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19 octubre 2009

Publicado octubre 19, 2009 por con 1 comentario

Hotel Río Shilcayo (Hoteles en Tarapoto), descarga fotos y disfruta de un vídeo relacionados a Shilcayo


Hola gente lectora y visitante de mi blog, en esta oportunidad seré un poco más dinámico e ilustrativo en la entrada a publicar. En primer lugar, para los turistas que deseen venir a conocer Tarapoto, la Ciudad de las Palmeras, les recomendaré que se alojen en el Hotel Río Shilcayo, ubicado entre el distrito de Tarapoto y la Banda de Shilcayo, a orillas del mismo y tantas veces nombrado río Shilcayo. Como segundo término en este post, les exhibiré fotografías para que descarguen de Flickr: un par que tengan que ver con el Hotel Shilcayo, tres del mencionado río, tres también de su primera cascada que forma y por último un trío de bichos invertebrados que mi hermano, en una de sus salidas turísticas al campo, encontró en las márgenes de la corriente de agua, localizada en la Cordillera Escalera, San Martín (Perú). Un vídeo al final.

Actualización:
1. Ve al enlace al final del post para ver fotos de la cascada del río Shilcayo.
2. Todos los links relacionados al Hotel Río Shilcayo están rotos. Para ver la nueva información, hacer clic AQUÍ.

Hotel Río Shilcayo: Acogedor sitio con más de 5 hectáreas de áreas verdes y jardines, aparte de una piscina e instalaciones para la práctica de deporte. Resulta ser un lugar adecuado para el descanso perfecto y para disfrutar de la exuberante selva del Amazonas. Atención hospitalaria, cómodas habitaciones con aire acondicionado, exquisita gastronomía regional, en la que de seguro será para todos ustedes una inolvidable experiencia. Para más detalles, que no debes perderte por nada del mundo, cliquea aquí.
Los programas que brinda el Hotel Río Shilcayo son los siguientes: Tarapoto Trópico, Tarapoto Aventura, Tarapoto Amazonía, además de Frog Hotspot, Birdwatching, Luna de Miel, Estudiantes y Promociones, Ofertas y Promociones, Mapa Turístico y San Martín en Tiempo de Viaje. Para revisar la propia información que ofrece acerca de esto el hotel, darle un clic aquí. Y para checar un mapa interactivo aquí… Te prometo que no terminarás defraudado de los servicios que con gusto entrega el Hotel Río Shilcayo. A mí me dejó complacido (y ansioso) con sólo leerlos.

Incluso en la portada web de inicio del Hotel Río Shilcayo se muestra las opciones de Información, Tarifas, Imágenes y Contacto. La web site cuenta hasta con versión en inglés.

A continuación, les dejo para que descarguen dos fotos en alta resolución capturadas dentro del Hotel Río Shilcayo.

Clásica palmera que crece en Tarapoto. Foto tomada en las afueras de las habitaciones del hotel Río Shilcayo, ex-hotel de Turistas:
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Solitario pato dando un paseo por las áreas verdes del Hotel Río Shilcayo. Foto tomada el mismo día que la palmera, a eso de las 3 y 4 de la tarde:
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Imágenes del río Shilcayo, su primera cascada, y la de tres invertebrados: Como las anteriores, estas fotografías están subidas al portal Flickr, y las comparto con ustedes para que tal vez las coloquen como wallpapers en sus computadoras.
Bocatoma del río Shilcayo. Foto tomada durante la conocida caminata a la cascada:
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Río Shilcayo visto desde un mirador turístico y/o ecológico de la cordillera Escalera. Foto 1:
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Río Shilcayo visto desde un mirador turístico y/o ecológico de la cordillera Escalera. Foto 2:
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La bella primera cascada formada por el río Shilcayo. Foto 1:

La primera cascada del río Shilcayo. Foto 2:
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La primera cascada del río Shilcayo. Foto 3:
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Milpiés arrastrándose a unos metros del río Shilcayo:
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Insecto mimetizado con una hoja en la Cordillera Escalera:

Mariposas Uralidae tomando sol muy cerca al río Shilcayo:
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Nota: Todas las fotografías, a excepción de las tres últimas, fueron captadas por el quien escribe, su amigo El Caminante. La de los animales invertebrados, como dije a un comienzo, son propias de mi hermano, El Agronómico.

Vídeo “Biodiversidad de Invertebrados por las Márgenes del Río Shilcayo”: En esta reproducción van a poder visualizar algunas de las especies invertebradas que son oriundas de las Codillera Escalera, en el Departamento de San Martín, Perú. Que lo disfruten.


¿Y qué tal les ha parecido todo? ¿Tienen algún comentario, duda, sugerencia, recomendación o crítica? Si es así, puedes dejar tu huella.
Para ver fotos de la primera y segunda cascada del río Shilcayo, clicar AQUÍ.
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07 octubre 2009

Publicado octubre 07, 2009 por con 0 comentarios

Tarapoto, Ciudad de Las Palmeras- Historia, Fotos y Más


Hola, gente que tuvo la causalidad de ingresar a este blog; ciertamente, este es el primer post que publico, de modo que encuentro una mejor forma que haciendo una breve reseña de mi región natural (del Perú), de mi lugar de origen, para dar inicio a todo este colmado mundo de seres vivos, medios naturales, momentos de aventuras, turismo y mucho más, y para los que no la han visitado se ubiquen en el mapa. Pero antes de realizar lo que me propongo en esta entrada, les anticipo que los 20-22 posts de a continuación —que serán las partes secuenciales de un relato, crónica, aventura, bitácora, o como quieran llamarlo, el que comprende una de mis salidas a la naturaleza, con rumbo noroeste de mi hogar (localizado en el barrio Partido Alto de mi “pequeña” ciudad de origen, Tarapoto) y realizada en su mayoría a pie—, y los 3 documentales que le seguirán, son como una antesala a las temáticas que englobarán este blog… Y he aquí que les cuento algo sobre Tarapoto y la región San Martín:
 
MAPA DEL PERÚ, UBICACIÓN DE TARAPOTO
Actualización:
Detalle del primer párrafo: Los 20 posts siguientes son las partes secuenciales de una caminata a la primera cascada del río Shilcayo. El que sigue, es un resumen de toda la caminata + vídeo. En el 22avo, me refiero al Hotel Río Shilcayo, presento fotos para descargarlas completamente gratis desde Flickr y un vídeo de la biodiversidad de invertebrados en la Cordillera Escalera... Y, posteriormente, preparé un trío de interesantes documentales.

Tarapoto es una ciudad de la selva peruana, capital de la provincia de San Martín, ubicado en el departamento (región) del mismo nombre, entre los valles de los ríos Cumbaza y Shilcayo. Se caracteriza por ser de clima cálido seco en verano y húmedo en tiempos de lluvia. Es denominado también «Ciudad de las Palmeras», «Esmeralda del Oriente» y «Capital Comercial de la Región».

Mapa del departamento de San Martín, Perú

Los datos meteorológicos y geográficos mostrados a continuación en este párrafo, pueden diferir un poco con otras referencias bibliográficas: Temperatura promedio 27 C°, varía entre 17 C° y 35 C°, aunque cada año se va incrementando a causa de la expansión de la urbe y la destrucción de los bosques y ríos. Está a 333 m.s.n.m., que varía de 250 a 450, dándole variedad climática. Situado entre los paralelos 6° 18´ y 6° 35´ de latitud Sur y los meridianos 77° 33´ y 76° de latitud Oeste, a una altitud ponderada de 280.5 metros. (Longitud: -76.38. Latitud: -6.45).

Esta ciudad es el epicentro de la comunicación terrestre y aérea hacia la Sierra y la Costa, así como por los departamentos de Loreto y Ucayali. Tiene un suelo arcilloso, arenoso, apto para la producción de variedad de plantas, predominando en los huertos de las familias los cocoteros, cuyo fruto brinda una agua dulce, deleite de mucha gente, tanto por sus cualidades medicinales como refrescantes, existiendo en mayor cantidad los llamados cocos enanos.
Plaza de Armas de Tarapoto, Perú

Tarapoto fue fundado el 20 de Agosto de 1782 por el Obispo de Trujillo, Don Baltazar Jaime Martínez de Compagñón y Bujanda, con el nombre de «Santa Cruz de los Motilones de Tarapoto». En base a su notable progreso, lo declararon distrito el 02 de Enero de 1856, y capital de la provincia de San Martín según Ley del 25 de Noviembre de 1876.

Para hablar acerca de la historia de Tarapoto, tenemos que remontarnos a muchos años antes de la conquista española, cuando los aguerridos Chancas fueron perseguidos por las huestes del imperio incaico.

Los incas con el propósito de vencer a los rebeldes de Moyobamba (actual capital del departamento de San Martín), Tabalosos y Lamas incursionaron a esos lugares, librando terribles batallas con los feroces Pocras y Chancas, rebeldes que no quisieron someterse al dominio inca. Luego de que los Chancas fueron perseguidos por los incas, se ubicaron en las orillas del río Mayo, formando de este modo una extensa familia idiomática conocida como los «Motilones Lamistas». Éstos, en búsqueda de abastecimiento, llegaron y se establecieron en el valle de Tarapoto con las tribus de la «cocha» Suchiche (por la actual plazoleta o parque Cabo Alberto Leveaú), a las que con el pasar de los tiempos se iban sumando más grupos descendientes.

Cocha de Suchiche, Tarapoto

Del origen del nombre de Tarapoto existen dos interesantes versiones. La primera nos explica que en las riberas de la laguna de Suchiche crecía en abundancia una palmera llamada «Tarapotillo» y que de la raíz de esta palabra derivó el nombre.

No obstante, se dice que la cocha Suchiche tiene un origen fantástico como todas las historias antiguas. Cuenta la leyenda que a la llegada de los españoles, existía el pueblo de los cumbazas en el valle de Tarapoto. Sus habitantes fueron aniquilados en la guerra al oponer resistencia. Sobrevivió este desastre una familia de la que al final quedaron sus dos hijos (un varón y una mujer). Ambos hermanos se refugiaron en las colinas y el dios Apu se compadeció de ellos convirtiéndolos en animales: al varón en un vigoroso toro y a la nativa en una esplendorosa mariposa. Consumidos por la tristeza de ver a su pueblo en ruinas, el bóvido lloró tanto que sus lágrimas se convirtieron en el río Shilcayo, y la bella mariposa cayó herida por un conquistador en las faldas del cerro Escalera, transformándose así en la cocha de Suchiche.

La otra interpretación del nombre de Tarapoto es respecto a la combinación de dos palabras derivadas de una transacción comercial antigua, basada en el trueque en cuya acción, la TARA (contenido en productos de pescado, maíz, frejol, entre otros) se intercambiaba, medía o recibía en un POTO (recipiente elaborado del fruto del huingo). (Infórmense más de todo lo referente a la historia y origen de Tarapoto en el material bibliográfico del antropólogo Wilson León Bazán, uno de los principales investigadores de la arqueología y prehistoria de San Martín).
Huingos en Tarapoto
En caso de alguna pregunta, duda, comentario o sugerencia relacionada a este post espero pacientemente poder leerlas y responderlas con gusto. Y, como lo prometido es deuda, en la veintena de los ventidós posts siguientes y los documentales que vendrán, les dejaré de esta manera para que se dediquen a unas horas de lectura, que simultáneamente es mi deseo que les cause admiración y que les abra el ánimo de vivir una experiencia igual o similar, a la compañía de sus amigos o familiares, y, quién sabe, si también de su humilde servidor, el que durante una lluviosa mañana de Abril se esmeró en digitar estas palabras. No me olvidaré, lógicamente, de colgar unas imágenes en todas las partes de la historia y en cada uno de los registros científicos, y como para colaborar un poco con la imaginación de todos ustedes que presiento se quedarán pegados a este sitio como un chicle en la suela de un zapato.

Actualización:
Aquí les doy la opción de descargar una foto de la plaza de Armas de Tarapoto y una de la plazoleta del barrio Suchiche en alta resolución desde Flickr. Clic para descargar.

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